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"¿Quién fue José Antonio Primo de Rivera?" DISIDENCIA-INFO

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"Hace hoy 80 años que ejecutaron en el patio de la cárcel de Alicante a un hombre que sigue siendo un enigma para una mayoría de españoles. Y lo es porque su figura, cuando no ha sido deformada por los planes de estudio y los historiadores, es ignorada. Sus biografías son, o bien hagiografías en las que se presenta como un salvador de España o bien demonologías en las que se presenta como responsable de sus males y envenenador de pozos. Hay algunas honrosas excepciones, pero la mayoría de la tinta vertida cae en esos campos. Aunque poco importa porque ya a los niños no se les da en el colegio más que una leve pincelada, y las calles y plazas dedicadas a su memoria son cambiadas de nombre en virtud de la Ley de Memoria Histórica (curiosa memoria aquélla que quita los recordatorios).

José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia
Empecemos por el principio: José Antonio Primo de Rivera nació en una familia militar, la del posterior general y dictador Miguel Primo de Rivera, en 1903. Eran años posteriores al Desastre de 1898, con los rifeños en el Protectorado de Marruecos en revuelta, y Miguel desanimó a su primogénito de que tomara la carrera de las armas. Estudió el Bachillerato y el primer año de carrera autodidacta, lo cual se revelará luego como la fuente de su vasta cultura. Porque José Antonio resultó ser un hombre culto y de una sensibilidad inusual entre la gente de su clase social por el destino de los menos afortunados que él (“justicia social” como la llamaban).

Cuando cae la dictadura de su padre (que José Antonio considera como “una oportunidad perdida” para arreglar muchos males de España, en particular las injusticias y la pobreza en el campo y los barrios obreros) y al poco lo hace también la monarquía de Alfonso XIII, la República que se instituye, de raíz burguesa y masónica, no le gusta un pelo. Era la época de los fascismos, que parecían ser una solución a los problemas que engendran las democracias parlamentarias (problemas que hoy vemos en algunos casos repetidos). Y José Antonio, junto con otra gente de similares inclinaciones, funda un partido, Falange Española. Los puntos iniciales están disponibles en multitud de libros y en internet. Pongo algunos de muestra para que me digan si realmente estaba tan desencaminado: En el Parlamento unos cuantos señores dicen representar a quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen nada de común con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni de los mismos municipios, ni del mismo gremio.
Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres años en unas urnas, son la única relación entre el pueblo y los que dicen representarle.
Para que funcione esa máquina electoral, cada dos o tres años hay que agitar la vida de los pueblos de un modo febril.
Los candidatos vociferan, se injurian, prometen cosas imposibles.
Los bandos se exaltan, se increpan, se asesinan.
Los más feroces odios son azuzados en esos días. Nacen rencores que durarán acaso para siempre y harán imposible la vida en los pueblos.
Pero a los candidatos triunfantes ¿qué les importan los pueblos?
Ellos se van a la capital a brillar, a salir en los periódicos y a gastar su tiempo en discutir cosas complicadas, que los pueblos no entienden.


Al poco la Falange se fundiría con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalistas (JONS) de Ramiro Ledesma (discípulo aventajado de José Ortega y Gasset, también autodidacta y que merecería artículo propio) y Onésimo Redondo. En el discurso fundacional se puede ver qué pensaban y defendían. Recordemos que se trataba de personas rondando los 30 años de edad, a ver qué “recién licenciado” de hoy día tiene un léxico así.


Ramiro Ledesma: “Sólo los ricos se pueden permitir el lujo de no tener patria”
Hay que tener en cuenta lo que era la Europa de entonces, y en particular esa España. Un país empobrecido en el que la mitad de la población vivía en el campo y del campo, con un analfabetismo del 32% (estimado, seguramente incluso mayor). Las tentaciones eran grandes, por parte de unos para que todo se quedase como estaba, y por parte de otros para que cambiase a su favor. Y bajo las riñas políticas, el currito de a pie se debatía entre tentaciones socialistas (incluyendo el comunismo) o fascistas. La República lo tenía jodido para sobrevivir, y más en el momento en que decidió buscarse un enemigo en la Iglesia católica cuando ya le sobraban entre los monárquicos alfonsinos, las clases pudientes, los carlistas, los socialistas, los militares degradados (en España había sobredosis de generales y falta de oficiales subalternos, “mucho jefe y poco indio”)… Si llegó al 36 fue porque a pesar de los golpes de Estado continuos (monárquicos, socialistas, independentistas catalanes) al menos se consideraba que quien llegaba al Parlamento podía expresar sus ideas sin que lo mataran. Todo ello se fue al guano el 13 de julio de 1936, cuando mataron a Calvo Sotelo y montones de personas “de derechas” vieron que era o luchar o ser llevados al matadero. Que matasen a un pintor por colgar carteles de un periódico era la “normalidad” de esa República que cierta izquierda nos quiere vender como idílica.

Es curioso cómo se suele acusar a los falangistas y al “fascismo” (en España se suelen usar indistintamente, por parte tanto de la izquierda como de la derecha) de crímenes como el asesinato de Lorca. Sin embargo los asesinos de Lorca eran gente de la CEDA (la derecha “republicana”) que lo sacaron de la casa donde se escondía: la de los hermanos Rosales… de Falange. El propio José Antonio era amigo de Lorca. El uniforme del grupo de teatro itinerante La Barraca de Lorca se inspiraba en el de la Falange (camisa azul y pantalón de tergal, inspirados en la ropa de trabajo de los mecánicos como Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio al frente de Falange), al ser el encargado de decorados y atrezzo el falangista Alfonso Ponce de León.
 
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